lunes, 10 de marzo de 2014

APRENDER A ENVEJECER


Es normal que algún tipo de fobia atormente a las personas, pero hay unas más persistentes que otras.
 
La gerascofobia se conoce como el miedo profundo e irracional a envejecer, ya que no pueden aceptar la idea de que éste es un proceso natural de la vida en el que, en mayor o menor grado, hay un declive en la apariencia física -arrugas, manchas en la piel, canas o pérdida del cabello, etc.-, y también las facultades físicas -pérdida de la fortaleza, vulnerabilidad a los quebrantos de salud, disminución en la visión y la audición, entre otras- y mentales -pérdida parcial de la memoria-. Pero ése es el precio que debemos pagar quienes llegamos a edades avanzadas.
 
Esta fobia, aparece al comienzo sutilmente, como una pequeña inquietud hacia el envejecimiento, pero después se convierte en una obsesión hasta el punto de convertirse en una profunda y severa ansiedad que  puede llevar hasta el suicidio, por lo cual, algunas veces, estas personas requieren ayuda profesional.
 
Muchos recurren a diferentes métodos  con la vana esperanza de permanecer jóvenes o lucir menos viejos, como por ejemplo:  costosas cirugías estéticas, cremas y maquillajes caros, tinturas para el cabello y otros recursos en infructuoso intento por retrasar lo que, tarde o temprano llegará, la vejez.
 
El terror a la vejez es un fenómeno que, según especialistas, se ha incrementado a partir de la década de los 60, cuando  laboratorios especializados en cosmetología, dermatólogos y cirujanos estéticos quienes, al percatarse de la gran preocupación que manifestaban muchas personas ante la inminente llegada de la última etapa de la vida, incrementaron la producción de cosméticos, la cantidad de gimnasios, las promociones de cirugías estéticas y las dietas especiales, supuestas fuentes de la eterna juventud.
 
Está muy bien que la gente se preocupe por su apariencia física y mental. Por eso, hoy en día, personas de sesenta, setenta u ochenta años de edad se ven muchísimo más jóvenes que personas que tenían la misma edad hace cincuenta años, pero lo que no está bien es rechazar la vejez más allá de lo razonable. 
 
Todas las etapas de la vida, aunque tengan sus inconvenientes, también tienen sus encantos.
 
 
 
José M. Burgos S.

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